Reflexiones
“Hablale mucho y ponele música”, nos dice la pediatra de Gaspar en su primer control.

Hablarle a un bebé de menos de una semana de vida. Esa clase de recomendación médica, cuyo sustento es neuropsicológico, es también fundamental. Quizás algunos lo hacemos naturalmente, pero tal vez a muchos no se les ocurre que es importante hablarle mucho a una persona desde que nace, que el lenguaje es estructurante, que lo fundamental son los primeros vínculos, que el afecto es tan importante como el alimento o el abrigo.
Hablale, hablale mucho.
Desde el punto de vista del desarrollo psicológico, la estimulación atenta por parte del ambiente (en especial por los principales cuidadores del bebé) es esencial para que el niño aprenda a regularse, ya que al inicio de la vida todo es dolor (el hambre duele, el frío duele, el sueño duele, los gases duelen…) debido a que está “estrenando” un organismo que irá madurando a medida que el bebé vaya creciendo.

Te conoce la voz desde la semana 28 de gestación, en que el oído está plenamente desarrollado, de nuevo, hablale…
Cuando nazca, si llora, vos también podes alzarlo, cantarle, hablarle, caminarlo. No desesperes, obviamente que no se va a calmar tan rápido como con el pecho o el olor de la madre. El vínculo con vos lo tienen que laburar juntos un poco más, por eso es importante que sigas aunque te frustres. Un par de minutos al principio, sostenerlo de distintas maneras, proba con el chupete (si es que están de acuerdo en utilizarlo como herramienta), ponele música, probá… hablale.
Chloé se calmaba un poco con sonidos de agua. A Maitena había que caminarla en brazos un buen rato; está trazado el sendero en el pasillo más largo de nuestro departamento, de tantas noches de caminata.

Sobre todo no te quedes en silencio. Es una combinación entre la presión y el calor del abrazo que contiene, el olor y el sonido de tu voz, lo que va a producir en algún momento la calma. Tiene que saber que no lo vas a dejar aunque llore, que estás ahí, aguantando los trapos.