VALENCIA

23 y 24 de mayo de 2014

Antes de volver a Madrid, 300kms nos separaban de nuestra última parada. Llegamos a Valencia entrada la tarde, y aunque medio ventoso y ya sin mucho calor remanente, enfilamos hacia el mar.

Playa del Cabanyal

Elegimos el hotel Sol Playa, a una cuadra de la misma y en la zona de los Jardines de Neptuno, a pocas cuadras de la Marina.

El sol estaba en sus últimos minutos, y la zambullida al Mediterráneo nos fue esquiva esta vez.

De cualquier forma, los mates en la playa y el tiempo libre para jugar con Maitena o reflexionar sobre lo viajado es siempre bienvenido.

Por la noche, nos recomendaron no perdernos la paella valenciana con conejo.

Somos obedientes y con sí fácil para algunas cosas, así que procedimos nomás.

Ciudad de las Artes y de las Ciencias

Al día siguiente, nuestro intento de playa se volvió a ver interrumpido por un feroz viento que volvía imposible sentarse en la arena.

En otro contexto, o con otra compañía, quizás no hubiese sido impedimento, pero con beba de 6 meses imposible.

Así que recalculamos y, tras un stop lúdico, enfilamos a la parte modernosa de la ciudad.

En ella, el Museo de Ciencias Príncipe Felipe, el Palacio de Artes Reina Sofía, Ágora, el Oceanográfico (con Delfinario), y hasta un IMAX (L’Hemisfèric).

Todo el complejo arquitectónico, cultural y de entretenimiento al final del viejo cause del Río Turia, ahora Jardín de Turia.

El adiós

Nos quedaba volver a Madrid aún, pasar otra noche más en España, pero la sensación empezaba a concretarse como realidad: era hora de volver.

Muy conformes con lo hecho, reafirmando el hambre de mundo y necesidad de viajar para conocer, nos encontramos cansados (si, de esas vacaciones de las que uno necesita vacaciones nuevamente) pero físicamente, mentalmente renovados.

Encontramos nuestro estilo de viaje, o al menos intentaríamos empezar a definirlos bajo éste encuadre. Posiblemente menos lugares, o más tiempo en algunos que lo merezcan, sin dudas más información para algunas cosas y menos para otras… pero qué difícil! Porque uno los calcula remotamente, y luego se encuentra con estos para, recién ahí, saber cuánto necesita en cada lugar.

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