5 de mayo de 2014
Temprano en la mañana, con MiniCooper prestado y el huevito de Maitena entrando a duras penas en la parte de atrás, nos dirigimos a Segovia (100kms al Norte de Madrid).

Entrando a la ciudad nos encontraríamos con una serie de carteles inesperados que nos acompañarían (y estresarian) a lo largo del viaje: Área Restringida / Centro Histórico / Fotomultas. Así que sin mucho margen, y cuanto más cerca del centro pudimos, estacionamos el auto en un garage subterráneo; no era nuestro tampoco, así que no podíamos arriesgar nada.
El Acueducto
Resabio de ocupación romana y en pie desde el Siglo II DC se impone a través de la Plaza del Azoguejo, dejándose ver desde varios puntos de la ciudad. Es uno de los monumentos más significativos y mejor conservados del imperio romano en la península ibérica.

Subimos del parking y ya lo podíamos ver. Parados enfrente suyo realmente asombra; la arquería mantenida por tantos años, y dándole a la ciudad un toque sumamente pintoresco.

Barranca arriba, por la calle San Juan, se puede llegar al Postigo del Consuelo y contemplarlo con mayor perspectiva.

La Ciudad Vieja
Junto con el Acueducto Romano, la Ciudad Vieja acompaña el todo de éste Patrimonio de la Humanidad (UNESCO).
El calor, las subidas y las callecitas adoquinadas suponían el primer gran desafío para nosotros y el cochecito elegido. Por suerte, las ruedas grandes ayudan en la maniobrabilidad, y Maitena tampoco pesaba mucho para ése entonces.

Como llegamos temprano, aún no era momento para probar el famoso cochinillo segoviano. Seguimos a través de la Catedral (cerrada hasta la tarde) y caminamos hasta el Alcázar.

Si hay algo que vuelve increíblemente lindos los recorridos de España, es que en muy poco espacio se concentran tantas cosas.

Mientras nos recomponíamos un poco, nos debatimos si entrar o no. Más allá de las vistas, junto con los museos no es algo que nos llame del todo la atención, y sabíamos que en España, cada pueblito que visitáramos iba a tener su Iglesia y su Castillo.

Pero éste era el primero, y teníamos la recomendación de Luz de visitarlo. Era temprano, y estábamos fáciles.

Obviamente el cochecito quedó en la puerta. Pero no es un lugar tan grande como para sentir los brazos después de todo; O lo recorrimos de manera express y no nos afectó tanto…
Ahora sí, el sol rayaba el mediodía y la búsqueda del cochinillo que se corta con el plato empezaba. Lamentablemente, el show es para cuando hay varios comensales, no sólo 2, así que tuvimos que conformarnos con el menú disponible. Caro, pero delicioso, completo y abundante; cualidades marcadas en la cocina española.

La caminata para bajar la comida se volvió un arma de doble filo. Estaba pesado, y no habíamos hecho precisamente un almuerzo liviano.

Buscamos sombra en dónde había…

Y, lamentablemente, tuvimos que resignar el ingreso a la Catedral, ya que debíamos seguir viaje a Ávila, donde planeábamos pasar la tarde.

Salimos por el sector panorámico de la ciudad, paramos en una última contemplación y seguimos viaje.