13 y 14 de mayo de 2014
Llegamos tarde en la noche del lunes a Santiago de Compostela. Ryanair se había demorado un poco por cuestiones propias y otro poco por pasajeros desubicados de escasa colaboración que terminaron discutiendo con personal de abordo y retardando aún más la salida.
Era de noche y hacía frío, menos de 10º. Retiramos el auto de la agencia de alquiler y fuimos directo al hostal, frente al Parque Alameda. Estaba todo cerrado, excepto un bar de la cuadra que nos proveyó unos montaditos antes de cerrar.
Km 0
A 200mts del epicentro de Santiago, Capital de Galicia, amanecimos temprano para recorrer lo más posible.

El km0 de todos los caminos a Santiago es la Plaza del Obradoiro (obrador o taller en gallego), allí confluyen todos los peregrinos desde distintas rutas provenientes de Italia, Francia y España misma.

La Catedral nos recibió con un andamio cubriendo parte de su fachada, más precisamente la Torre Norte o de la Carraca. Una pena, pero de cualquier forma, el esplendor de la misma no se arruina con eso.

Por dentro, el Botafumeiro. Un gran incensario de plata que, pendularmente, recorre el pasillo de la nave central de la Catedral. Si bien es un símbolo religioso, es sabido que una de las funciones principales apuntaba también a maquillar los olores con que venían los peregrinos, haciendo el lugar un poco más tolerable. Lamentablemente, sólo los viernes o lo usaban, o bien día de fiestas y ceremonias importantes, así que no lo pudimos ver en acción.

También dentro, entre otras tantas cosas, la urna con los restos del Apóstol Santiago, responsable máximo del nombre y posterior desarrollo del lugar en cuestión.

Si bien hay muchas cosas por ver en Santiago y alrededores, la mayoría de las cosas del centro histórico se encuentran en un radio de 500mts.

El paseo es realmente agradable y, sin dudas, después del calorón sevillano, poder estar con un día tan agradable y bien abrigado, se sintió reconfortante.

Los mates en esta oportunidad sí tenían una función más que tradición y costumbre, calentándonos un poco para continuar el recorrido y entretenernos en los stops que Maitena demandaba.

Las callecitas y fachadas principales nos hacían notar la diferencia con el Sur de España; no era sólo el clima, aunque seguramente eso influye en los ritmos humanos, además de los olores que uno puede llegar a encontrarse en temporadas más cálidas.

Desde ya, y como en todo España, Iglesias por doquier. Por suerte no estaba abarrotado de gente y eso también nos permitió caminarlas con tranquilidad y pausa. Aquí al menos no pedían ‘colaboraciones’ para el ingreso.

En líneas generales, disfrutamos mucho el día, el cambio térmico y los lugares visitados. Quizás una escapada a Finisterre o La Coruña en próximas visitas pueda cuadrar dentro del itinerario, pero debíamos transitar la costa del Cantábrico hasta Bilbao.