MADRID

3 y 4 de mayo de 2014

Con la excusa de un Congreso Laboral en Zaragoza para fines de mayo, estirábamos a más no poder el tiempo entre viajes y vacaciones para poder enganchar todo junto con la flamante incorporación, de ya 6 meses: Maitena.

Sorteado el inconveniente inicial de su alergia a la proteína de la leche de vaca, lo que nos hizo viajar con 10 latas de fórmula especial, tuvimos la suerte de encontrar vuelos directos a Madrid por IBERIA. No teníamos miedo a las escalas, ni fantasmas varios que viajar con niños suscita, pero sin dudas que poder llegar a destino en 12hs era un gran plus.

Así que ahí estábamos, en Ezeiza, listos para embarcarnos en lo que sí sentaría las bases de nuestro estilo de viajes: Roadtrip!

Cuando aún te bloqueaban los asientos en la primera fila para acomodar la cuna, cuando viajabas con menores, tuvimos una experiencia fantástica. Maitena se portó de 10, y nosotros llegamos bastante bien a destino.

Hala Madrid

Pasadas las 6am estábamos en Barajas. Tomamos un taxi que nos alcanzaría a lo de Luz (madrina de Ale), que nos abrió las puertas de su casa aún no estando por esos días allí.

Luego de una breve siesta reparadora, y habiendo sido despertados por Nucha (Schnauzer), tomamos un desayuno y nos fuimos a recorrer.

Estando en las afueras de Madrid, tomamos un bus que nos dejó en el centro. Al identificar la Plaza de Toros de la Ventas, ya nos pusimos atentos para bajar en la Plaza de la Independencia (Puerta de Alcalá).

Durante el trayecto nos resultó muy llamativo cómo la gente mayor le iba dejando los asientos a gente más mayor aún; llegamos a ver un señor de 60, cediéndole a una señora de 70, que luego haría lo propio con una de 80 (las edades son aproximadas).

El tiempo estaba más que agradable y acompañó gratamente el paseo. Pasando la Cibeles y recorriendo la Gran Vía, bajamos hacia Puerta del Sol, en donde nos tomamos la foto con el Oso y el Madroño (armas heráldicas de la ciudad), y el anuncio de Tío Pepe de fondo, todo un ícono de la Capital española.

El almuerzo fue, ineludiblemente, en El Museo del Jamón. Quizás más que almuerzo un piqueo, pero estábamos con el ritmo circadiano alterado y muy entusiasmados por conocer, así que unas cañitas junto a unos montaditos fueron suficiente combustible para continuar.

Desde ya, la pequeña viajera también manejaba horario propio, y cada tanto había que hacer una parada estratégica para que ella también disfrutara.

El calor nos obligaba a no estar dando vueltas de más; sumado a la edad promedio, otro de los mitos de Madrid confirmados.

En lo que fue un abuso de confianza para con nuestro estado físico, seguimos hasta el Palacio Real, en donde nos dimos cuenta que ya no aguantábamos mucho más y debíamos volver; fuimos hasta la Plaza de España donde pasaba nuestro bus y decidimos que era tiempo de unos mates.

Bajando cambios

Tras un intenso primer día, el segundo nos agarró con la caída del cansancio encima. Dormimos un poco más, desayunamos tranquilos y sin prisa salimos, quizás más cerca del mediodía de lo que debíamos, pero no queríamos exigirnos tampoco.

Bajamos más o menos en el mismo lugar (la seguridad de lo conocido, tal vez) pero esta vez enfilamos para el parque de El Retiro; hermoso por donde se lo mire.

Lo caminamos todo (lo que pudimos) hasta Atocha. Almorzamos en un McDonalds (pecado!).

Continuamos la recorrida por el Lado M (Museos) del boulevard Paseo del Prado; entre ellos por supuesto el homónimo…

… y el vecino

A decir verdad, fue todo lo que vimos de ellos. No estábamos de ánimos para museos; no somos fans tampoco. Y aún no nos reponíamos del todo. Al día siguiente debíamos madrugar para recorrer Ávila y Segovia, antes de partir hacia el Sur en el inicio de la aventura crosscountry.

Volvimos para luego cenar con Luz y Freddy, a quienes aún no habíamos visto y no conocían a Maitena. Volveríamos luego por un día para cerrar el viaje. En definitiva a Madrid… a Madrid siempre se vuelve!

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