Vínculos

Complejidad absoluta desde el instante inicial. Es más sencillo si no se piensa, pero si no se piensa, se corren más riesgos de repetir esquemas poco saludables, de herir sin darse cuenta, de “cometer errores” que luego sean muy costosos, tanto para nosotros como para el otro.

La manipulación afectiva viene siendo una modalidad de relación heredada y sostenida culturalmente que, por lo general pasa inadvertida y es considerada “lo normal”. En las bases de este tipo de vínculos se encuentra la culpa, el reproche, el resentimiento, las indirectas, lo no dicho. Involucra miles de errores de comunicación, que deben ser corregidos a tiempo, para que no sigan pasando de generación en generación. Para que los vínculos no sean trampas sin salida.

Que podemos hacer? En principio, recordar que toda relación involucra afecto (amor). Luego es importante tener noción clara de nuestras emociones, saber ponerlas en palabras y comunicarlas al otro. El respeto es también fundamental.

Por ejemplo, si te quiero, te lo tengo que decir, no alcanza con que lo demuestre con actos, porque puede que lo que para mí es un acto de amor, para el otro no lo sea. Y luego el mensaje no llegará y me sentiré poco correspondida.

Si te extraño, también te lo tengo que decir. Pero no alcanza con eso, es probable que deba hacer algún tipo de movimiento, acercarme. Si no está dentro de mis posibilidades, tendré que pedirte que te acerques. Y ahí es donde entra el respeto. Tengo que entender que vos sos una persona distinta a mí, con tus tiempos y tu estilo. Tendré que esperar para ver qué respuesta das a mi manifestación de afecto y necesidad. Tengo que aceptar que quizás no sintamos lo mismo ni con la misma intensidad. No sirve que yo “quiera que vos quieras quererme”. Fíjense qué frase más complicada. 

La base para entender esto y evitar entrampar o entramparnos en vínculos poco saludables, es la siguiente: los afectos no pueden ser sentidos a demanda o por pedido del otro, porque entonces no estoy pensando en el otro sino en mi misma. Lo fundamental en el amor es la libertad. Por ejemplo: “quiero que seas feliz”, parece una frase desinteresada pero esconde una exigencia importante. 

Si quiero estar con vos, me acerco. Si siento que vos no queres estar conmigo, lo mejor que puedo hacer es planteártelo. Pero si llego a confirmar que esto es así, tendré que aceptarlo, aunque me duela. La trampa empieza cuando no queremos aceptar la realidad y preferimos la mentira. Ese es un escenario propicio para la manipulación afectiva.

Los vínculos son complejos. Tenerlos en claro no los descomplejiza, pero nos sirve de brújula.

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