LOS ÁNGELES

13 y 14 de septiembre de 2014

Antes de participar del segundo congreso internacional del año, esta vez en San Diego, el aéreo nos depositaba en Los Ángeles.

A no tantos kilómetros de distancia en ruta y con el anhelo de transitar, en parte, la West Coast (además que era más económico el aéreo a LAX con escala en Lima) acogimos gustosos el destino.

Alquilamos auto, nos alojamos en un motel muy medio pelo cerca del centro, dejamos todo y nos fuimos a la playa.

Santa Mónica

Aunque mayormente el clima es agradable en California, nos encontrábamos en los días finales del verano, y el contexto era inmejorable.

Tras una obligada recorrida por el muelle y foto en el punto final de la Ruta 66, bajamos a la playa con cochecito y todo; nos acomodamos así nomás y disfrutamos un poco del mar, el sol y la arena.

Visita obligada al Pacífico por primera vez para la joven integrante del equipo, y un poco de descarga a tierra para los adultos responsables.

Parque Griffith

El letrero de Hollywood era una de los imprescindibles en nuestra corta estancia. Con la visita al Observatorio Griffith mataríamos dos pájaros de un tiro.

Pero el jetlag nos jugó una mala pasada. Seguía pareciendo muy de día y, en nuestras cabezas, aún teníamos tiempo de sobra. Cuestión que al querer ingresar nos encontramos con que la última admisión de visitas había ya ingresado, y nos tocaba perdernoslo.

De cualquier manera, el recorrido hasta allí mereció la pena. Nos desviamos a ver algunas casas de Beverly Hills y, como dicen por ahí, la noche aún era jóven.

Walk of Fame

La noche es jóven, si… y bizarra en la zonas del famosísimo Walk of Fame (Hollywood Blvd y Vine St).

Fue realmente una sorpresa inesperada. La gente, el ambiente, la vibra nos incomodaba. El producto de todo lo que uno interpreta como bondades de la américa estadounidense, se manifestaba ante nosotros también en su lado B, o quizás sin el filtro embellecedor de las películas o la trama de algún afamado director capaz de romantizar una escena poco común.

Sin muchas ganas de reparar siquiera en recuerdos de transitar algunas calles del centro, nos volvimos al hotel a descansar. Al día siguiente, debíamos emprender camino a San Diego, pasando antes por una excursión reservada en Warner Bros. Studios.

No Warner, No Problem… a la Playa

Temprano en la mañana y con entradas compradas de antemano, fuimos a recorrer los estudios de Warner Brothers.

Lamentablemente, incluir un infante en el paquete turísitco nos jugaba una mala pasada por error de interpretación.

Al parecer, la visita se realizaba en carritos de símil-golf por lo que cada visitante debía poder estar sentado en un asiento. Instalar una sillita de bebé no era posible y la burocracia del miedo al litigio nos arrebataba la posibilidad de visitar el lugar.

Por suerte, en el lado bueno de las cosas, casi sin ningún inconveniente, simplemente anularon la compra y reintegraron el dinero. Aunque el sabor acabó siendo medio agridulce, la extraña sensación de no tener que pelear un reembolso se sintió reconfortante; es lamentable a lo que uno se acostumbra en su país, pero mentiríamos si dijéramos que no fue lo que, exactamente, nos hizo sentir esa devolución inmediata y sin pelea alguna.

Así que volvimos al auto, mucho antes de lo calculado, y emprendimos camino al sur.

Naturalmente, transformaríamos ése tiempo perdido en ganancia… de playa, así que en cuanto divisáramos algún lindo lugar para parar, simplemente, lo haríamos.

Procurando dejar lo mínimo a transitar una vez levantemos campamento, llegamos al sur de Carlsbad y paramos en donde vimos que, con tranquilidad, podríamos acomodarnos y disfrutar de una hermosa tarde hasta la puesta del sol.

No estuvo para nada mal.

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