Límites

Reflexiones

Tan difíciles de establecer y sostener como necesarios.

Cuándo nos cuesta más poner límites? Cuando estamos cansados, concentrados o abstraídos en otra cosa.

“Bueno, ya fue…” suele ser la toalla tirada al ring.

Yo me pregunto: por qué si nos esforzamos por aprobar ese examen, si damos todo en la cancha para que nuestro equipo gane, si ponemos lo mejor para ganar esa competencia o carrera, si laboramos horas extras para obtener ese ascenso o reconocimiento en el trabajo… por qué no ponemos esa misma actitud en la crianza de nuestros hijos? Por qué no nos proponemos ser los mejores padres que nuestros hijos puedan tener? Por qué somos vagos o perezosos en nuestra relación con ellos? Por qué tiramos la toalla? Acaso nuestros hijos no están a la altura de ese examen, ese partido, esa carrera, esa competencia, ese reconocimiento laboral? Acaso ellos son menos importantes?

O será que en el momento nos olvidamos para qué estamos poniendo ese límite, qué sentido tiene? Qué gano yo…? Ah, eso puede ser. Es que nos cuesta quizás corrernos del foco, del centro. El límite es para ellos, porque lo necesitan, porque es saludable. Porque debemos poner límites para ayudarlos a crecer, a tolerar, a regularse. Y debemos hacerlo desde el amor, desde la empatía, desde la conexión, desde la palabra. Con firmeza pero con cariño. Es por su bien y debemos explicarles por qué, aunque en el momento parezca que no lo entienden. Las palabras nunca están de más.

Será también que no hay un premio para nosotros por hacer las cosas bien? Será que la sociedad no nos aplaude por ser buenos padres/madres, pero sí nos señala cuando somos malos padres/madres? Será que ser buen padre/madre no va al currículum y por eso a nadie le importa?

Y esto es algo que pienso desde que tengo hijos: no puedo considerar a una persona como exitosa sin contemplarla en un contexto más amplio que sólo su trabajo o su profesión. No pienso que alguien pueda ser exitoso sólo porque llegó a un puesto alto o porque gana mucho dinero o porque es socialmente reconocido en su área, sin observar cómo es en su casa, con su familia. La salud y el bienestar, la felicidad de nuestros hijos es el reflejo de cómo somos con ellos, de cómo estamos construyendo y sosteniendo esa familia.

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