12 al 17 de abril de 2011
Cancún era el destino para nuestra Luna de Miel. Nada de excursiones, de planificación, de traslados… sólo playa y descanso. Quien pasó por la preparación de una boda, y si encima le suma acondicionamiento de vivienda nueva, sabrá el estrés que conlleva. La desconexión es imprescindible.
Y allá por el 2011 supimos ser jóvenes. Y no teníamos hijos. Nos casábamos y empezaba la aventura.
Tras una noche inolvidable, que duró lo que un parpadeo, nos tocó volver a casa, a nuestra casa, en donde no teníamos ni colchón ni agua caliente para bañarnos, todo producto de una desatención de último momento, en donde la reserva para la Noche de Bodas no tenía early-check-in, y recién podíamos ir pasado el mediodía.

De cualquier manera, la energía con que volvíamos de nuestra fiesta no nos corrompía el buen ánimo.
Preparativos y Vuelo
Despegar.com ya existía, así que por esa vía se gestionaron los aéreos. Una particularidad de la época (2010) es que encontrabas distintos precios según la locación de la web; aunque eso sigue pasando hoy en menor medida. Había promo de Buenos Aires a DF, y en el home .mx había promo de DF a Cancún, dejando el ticket final a muy buen precio; si, considerablemente mejor que sacando BUE-CUN, en donde indefectiblemente íbamos a tener que parar también en DF. No vamos a poner el valor en AR$ para no llorar de la nostalgia… y porque no lo recordamos.
Aunque hoy parezca una pavada, comprar por internet hace no muchos años era como un acto de Fe para muchos.
Luego vino la apuesta fuerte: el all-inclusive Krystal Cancún. Acá todavía no habíamos incursionado en e-tickets de hotel, así que estaba la duda. Mismo por que las webs de cadenas hoteleras parecían muy de los ’90 y generaban dudas. Pero el hotel tenía una pinta increíble. Las reviews negativas de la pileta en reparación tenían más de 3 años de antigüedad y, con la anticipación que veníamos manejando, los precios eran bastante razonables.
Así que ya teníamos todo listo para disfrutar post-casorio. Incluso las 5hs de espacio entre vuelos por sí a Aerolíneas Argentinas le fallaba algo.

Y sí, si tiene que fallar va a fallar. 5hs de demora. Así que chau conexión. Tuvimos un poco de bronca al saber que íbamos a tener que pelearnos al llegar a DF, porque las compras habían sido por separado. Pero la alegría de la fiesta no dejó que desesperáramos, y zarpamos!
Ya en DF, lo dicho, tuvimos que pelear. Nos tuvieron un rato que-si-que-no, pero nos acomodaron en un vuelo de InterJet, y a las 2hs estábamos rumbo al destino final.

Tierra Prometida
El calor no se hizo esperar, y apenas pusimos pie debajo de la aeronave ya teníamos ganas de darnos un buen chapuzón en el mar. Pero aún estábamos a la espera de conocer el resultado de nuestra reserva.
Nos tomamos una camioneta que repartía huéspedes por todos los hoteles de la península y bajamos en Krystal Cancún. Entregamos el papel en recepción y…

Si, inmejorable! Lo visto en las fotos, sin filtro. Balconcito al mar. Pulserita all-inclusive. A disfrutar!

Lo rápido que uno se acostumbra al lujo y comodidad. Al principio mirábamos tímidamente, pedíamos con reparo… ni un día tardamos en entender que teníamos TODO INCLUIDO; es un camino de ida.

Drinking-Feed-Lot
Es básicamente la filosofía de estos lugares, o al menos como nos la tomamos nosotros. Nos armamos un metódico cronograma de actividades de ingesta y bebida.
- Desayuno de 6 a 9; íbamos alrededor de las 8
- Playita y chapuzón

- Primeras cervezas a las 11, cuando abría la barra
- Ya la segunda salía con unos nachos con queso
- Alguna piña colada o trago a gusto
- Almuerzo alrededor de las 13
- Siesta K.O. hasta las 16 por lo menos
- Vuelta a la playa o reposera y pileta

- Más tragos o cervezas
- Sushi de las 18; cita obligada

- A la habitación a prepararnos para la cena
- Quizás algún paseo (CocoBongo al lado!)

- Vuelta al Hotel
- Un último trago antes de las 24 que cierra la barra
- Al sobre
Detalles y Reflexiones
Obviamente escribir esto en diferido debilita el contenido, pero las sensaciones perduran.
Fue un acierto optar por Cancún en modo All-Inclusive, por lo menos para un post-casamiento en donde lo principal era descansar; fue más que agradable. La felicidad del evento concretado acompañada de tamaño lugar no hizo más que reforzar nuestra felicidad.

Seis días de All-Inclusive no son muy saludables que digamos, pero tampoco es que lo hacemos todos los años. De hecho, sabíamos que nuestro estilo de viaje era otro, pero queríamos transitar la experiencia al menos una vez.
Nos llamó la atención la conducta generalizada en estos hoteles; nadie sale de las piletas y el mar acaba siendo una postal de fondo nomás.
Obviamente hicimos la excursión obligada: Chichén-Itzá (en otra entrada).

La vuelta fue por DF, fugaz, de una noche y en hostel de habitación compartida. Feroz encontronazo con la realidad. Pero seguíamos estando contentos; viajar así nos pone…

… y esto recién comenzaba!