17 al 20 de mayo de 2014
Podríamos haber arrancado desde Madrid hacia Barcelona y dar la vuelta al revés, pero no. Hicimos al revés por un único motivo, y ese no era coincidir con los Patios en Córdoba, o la Feria en Sevilla, como sí pudimos (fortuitamente) disfrutar. La vuelta debía dejarnos el sábado 17 de mayo en Barcelona por un único motivo… ver a Messi.
Pasamos por el centro a buscar las entradas que nos consiguió un amigo que vive allí, luego a devolver el auto (íbamos a estar 4 días, dejarlo parado y pagar parking no merecía la pena) y rápidamente en subte al estadio.
La Liga: BCN vs ATM (final)
Verlo en vivo y en directo a Messi, un sueño. Que sea en el Camp Nou le agregaba magia. Si justo era un partido contra alguno de los grandes, los condimentos estaban todos. La variable que jamás imaginamos, es que para esa fecha, la última de La Liga, se agregaría la definición de ésta.

El Aleti (Atlético de Madrid) del Cholo Simeone llegaba a la última fecha a definir el campeonato con el Barcelona de Messi y del Tata Martino (DT), siendo éste también el último partido antes del Mundial de Brasil 2014.
El empate consagraba a los de Madrid, y eso sucedió. Godín (ATM) y Alexis Sánchez (BCN) estamparon el 1-1 y los colchoneros gritaron campeón. Messi caminó todo el partido, perdonado porque Messi, y perdonado porque no podía lastimarse ni un pelo previo al Mundial.

Hubiese sido lindo llegar a una vitoriosa Barcelona, de festejo y celebración, pero no se nos dió. La experiencia, de cualquier manera, fue alucinante.

Alojados cerca de la Sagrada Familia, volvimos en subte hacia allí, y al salir de la boca de este, nos encontramos con la misma abierta de forma gratuita; era la parte subterránea, en donde estaba teniendo lugar un concierto, entramos y dimos con la tumba de Gaudí.

Totalmente inesperado, nos levantó el ánimo tras la derrota local. Fusilados, buscamos donde cenar y terminamos descansando de un agitado y largo día.

Domingótico
Empezando por donde hay que empezar en Barcelona, nos dirigimos al Barrio Gótico para participar de un Free Walking Tour.

Era también nuestra primera experiencia de éste tipo y realmente nos encantó.

Los stops que nos demandó Maitena (pañal, mamadera, etc) no nos hizo perder el grupo, ni parte alguna de lo que el guía nos compartía.

La historia de Barcelona y de Cataluña en general nos sorprendió, y la ciudad nos deslumbró. Silvi había tenido una no muy grata experiencia en su primera visita, la cual incluyó robo a su compañera de viaje (Maro) y posterior trastoque de todo la estadía e itinerario subsiguiente.

Dimos unas vueltas más por el Gótico y nos encontramos por la tarde con Charly y Hayley, una pareja de amigos (argentino-australiana) que vivían hace varios años allí.

El modernismo catalán
Gaudí hasta en la sopa, pero qué bien que marida…

Conseguimos entrada a la Sagrada Familia para nuestro último día recién, en un horario que no nos partía al medio o condicionaba demasiado, así que de momento la seguíamos viendo por fuera.

Enfilamos al Parc Güell. Misma metodología que Toledo, de arriba hacia abajo. Si uno lo encara desde Gracia, hay que subirlo, pero si se llega desde atrás, desde El Coll, unas escaleras mecánicas entre veredas te alivianan el esfuerzo, y luego sólo queda disfrutarlo en modo inercial.

Muy entretenido paseo, y con unas vistas de Barcelona hacia el mar indescriptibles (el Mirador del Virloai se lleva todas las palmas).

Pero se sabe que Gaudí dejó muchas más huellas en Barcelona que la Sagrada Familia y el Parc Güell.

Así que hacia allí fuimos, la famosa Casa Batlló, en Passeig de Grácia.

Un poco y un poco más
Dado que la excusa había sido laboral, pero el deseo personal, además del Congreso en Zaragoza había que cumplir con una reunión en el Servei de Tránsit.

Mientras Silvi recorría la zona y la plaza de toros devenida en mall, un breve encuentro de buenas prácticas compartidas por los catalanes obligaba a uno a vestirse medianamente bien.

De ahí tocaba sí, esta vez, el ingreso a la Sagrada Familia.

Debía ser breve, ya que teníamos que estar esa noche en Zaragoza, pues el Congreso arrancaba al día siguiente.

Iniciada en 1882 por Antoni Gaudí, el templo expiatorio fue concebido bajo un estilo orgánico, imitando las formas de la naturaleza, donde abundan las formas geométricas regladas; el interior debía semejar un bosque, con un conjunto de columnas arborescentes inclinadas, de forma helicoidal, creando una estructura a la vez simple y resistente.

Un delirio hermoso, el cual a día de hoy siguen tratando de terminar, y se estima harán lo posible para tenerla completa para 2026, fecha centenario de la muerte de Antoni Gaudí.
De allí, salimos a buscar el auto para ir a Zaragoza y que, eventualmente, devolveríamos en Madrid una vez terminado el viaje.
Barcelona nos voló la cabeza de manera silenciosa… esta historia continuará!